La siniestralidad vial continúa siendo uno de los principales desafíos de la movilidad en Argentina. Más allá de los avances logrados en materia de infraestructura y control, miles de personas pierden la vida cada año en las rutas y calles del país, mientras que decenas de miles sufren lesiones de diversa gravedad que generan un fuerte impacto social, sanitario y económico.
De acuerdo con datos del Observatorio Vial Nacional de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), los siniestros viales provocan más de 100.000 personas lesionadas por año en Argentina. Asimismo, las estadísticas nacionales muestran que los motociclistas representan uno de los grupos más vulnerables, concentrando una proporción significativa de las víctimas fatales.
Sin embargo, reducir la siniestralidad no depende exclusivamente de construir nuevas obras o mejorar la infraestructura existente. La experiencia nacional e internacional demuestra que la seguridad vial es el resultado de la interacción entre múltiples factores: diseño geométrico, estado de conservación de la calzada, señalización, fiscalización, gestión del tránsito, atención de emergencias, tecnología aplicada y comportamiento de los usuarios.
En el ámbito de las concesiones viales, la gestión del corredor adquiere un papel central. La identificación temprana de puntos críticos, el análisis sistemático de incidentes, la utilización de sistemas inteligentes de transporte (ITS), el monitoreo permanente de las condiciones operativas y la adecuada coordinación de los servicios de emergencia permiten actuar de manera preventiva y reducir significativamente los riesgos.
La disponibilidad de datos confiables y herramientas analíticas constituye hoy un elemento indispensable para la toma de decisiones. La incorporación de indicadores de desempeño, modelos predictivos y sistemas de seguimiento facilita la asignación eficiente de recursos y orienta las inversiones hacia aquellos sectores donde pueden generar un mayor impacto en la seguridad de los usuarios.
La reducción sostenida de la siniestralidad exige abandonar una lógica reactiva basada únicamente en la atención de accidentes y avanzar hacia una gestión preventiva sustentada en evidencia. En este contexto, la combinación de infraestructura adecuada, tecnología, planificación y gestión profesional se convierte en una herramienta clave para construir corredores más seguros y eficientes.
Fuente: Observatorio Vial Nacional – Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV)