Uno de los primeros problemas que enfrenta un concesionario al preparar la operación de un corredor es definir cuántas personas necesita en cada estación de peaje. La respuesta no sale de una tabla estándar. Depende de la cantidad de vías habilitadas, del volumen de tránsito medio diario anual, de la modalidad de cobro — si es 100% electrónico o si conserva algún componente presencial —, del régimen de turnos, de la distancia entre estaciones, y del convenio colectivo aplicable.

Lo que parece un cálculo aritmético es en realidad una decisión operativa con consecuencias financieras que se arrastran durante toda la vida de la concesión. Subestimar la dotación significa que las estaciones no cubren los turnos, que las suplencias no alcanzan, que la calidad del servicio cae y que las penalidades contractuales empiezan a acumularse. Sobredimensionarla significa cargar el OPEX con un costo de personal que no se puede corregir sin un proceso laboral complejo y costoso.

Las variables son muchas y se cruzan entre sí. Una estación rural con bajo tránsito pero ubicada a 200 kilómetros de la base operativa tiene un problema logístico de cobertura muy distinto al de una estación urbana de alto flujo con acceso inmediato a recursos. El turno nocturno en una estación alejada requiere condiciones de habitabilidad, seguridad y relevo que no se resuelven con buena voluntad. Y el ausentismo — ese dato que en las planillas siempre aparece subestimado — puede agregar entre un 15% y un 25% a la dotación teórica, dependiendo de la zona y la época del año.

A eso hay que sumarle la estructura de supervisión. No alcanza con tener operadores en cabina: alguien tiene que coordinar los turnos, gestionar los francos, resolver los imprevistos del día a día, reportar novedades al centro de control, y asegurar que los procedimientos se cumplan. Esa capa intermedia de supervisión es la que muchos modelos olvidan, y es la que marca la diferencia entre una estación que funciona y una que sobrevive.

El error más frecuente que se observa en el sector es dimensionar la dotación con la lógica de un proyecto nuevo — limpio, ideal, sin fricciones —, cuando la realidad de un corredor concesionado es exactamente lo contrario: turnos que se caen, personal que rota, licencias que se acumulan en determinadas épocas del año, y condiciones operativas que cambian según el clima, el tránsito y la infraestructura heredada.

Definir la dotación correcta es una de esas decisiones que parece menor al principio y que condiciona todo lo demás. Si necesita abordar ese ejercicio con rigor para su corredor, podemos ayudarlo.